El fracaso de la cirugía estética

En la lista de problemas que manejamos los psicólogos y psiquiatras, hay un trastorno mental que está directamente relacionado con la imagen corporal. Se llama trastorno dismórfico corporal y consiste en una preocupación excesiva por algún defecto real o imaginario percibido sobre las propias características físicas.

Es decir, estamos hablando de personas que odian alguna parte de su cuerpo (la nariz, los labios, el pecho, el abdomen, etc.) y se obsesionan tanto con ella que esa preocupación no las deja vivir. Entre las características de este trastorno destacan que la persona consume mucho tiempo en conductas como mirarse al espejo para comprobar el defecto y/o un gran interés en camuflarlo en la medida de lo posible.

Aproximadamente el 80% de las personas que cumplen los criterios para ser diagnosticados de este trastorno recurren a tratamientos cosméticos, cirugía menor (peelings químicos, odontología, inyecciones de botox, uso de colágenos, etc. ) o cirugía mayor (rinoplastias, labioplastias, aumentos de pecho, etc.). Analizando los datos desde otra perspectiva, tenemos que un porcentaje significativo de personas que recurren a tratamientos quirurgicos tienen un trastorno dismorfico corporal (por ejemplo, el 25% de las personas que se someten a una rinoplastia). Esto pone de manifiesto la importancia de tener en cuenta los problemas de imagen corporal en los tratamientos cosméticos y/o quirúrgicos, y no considerarlos como una cuestión menor o secundaria.

En un artículo reciente publicado en la revista Body Image, en el que se ha realizado una revisión de los estudios existentes sobre la efectividad de los tratamientos de estética, se ha confirmado lo que ya se intuía: que ni la cosmética ni la cirugía consiguen buenos resultados en aquellas personas que tienen un problema severo con su imagen corporal.

Aunque aún es necesaria más investigación al respecto, lo cierto es que esta revisión de la literatura científica pone de manifiesto varias cuestiones muy relevantes. En primer lugar la necesidad de diagnosticar correctamente los problemas psicológicos asociados a la imagen antes de aplicar tratamientos cosméticos y quirúrgicos: estos procedimientos no van a servir para nada a ciertas personas. En segundo lugar, señalan la importancia de trabajar conjuntamente profesionales de la psicología y de la (medicina) estética para saber identificar cuando alguien recurre a procedimientos estéticos para mejorar su apariencia y cuando para huir de un malestar emocional intenso.

 Los datos epidemiológicos oficiales indican que el trastorno dismórfico corporal afecta a entre el 0,7 y 2,4% de la población general. No parece ser un problema muy extendido a priori. Sin embargo, teniendo en cuenta la tremenda presión sociocultural a la que estamos sometidos en relación con el culto al cuerpo, y el aumento en los últimos años de los tratamientos en cirugía estética, me pregunto si este trastorno no se estará extendiendo de forma epidémica en el mundo occidental.

Bowyer, L., Krebs, G., Mataix-Cols, D.,Veale, D. & Monzani, B. (2016). A critical review of cosmetic treatment Outcomes in body Dysmorphic disorder. Body Image, 19, 1-8.

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