Mi cuerpo, mis reglas

¿Quién no ha oído algún comentario como los siguientes?: «¿cómo es capaz de ponerse ese vestido (o camiseta, pantalón, falda…) con ese cuerpo?, ¿es que no se ha visto?» o «¿no le da vergüenza ir vestida así?…le queda fatal, se le marca todo» o «es demasiado mayor para llevar esa ropa, no es apropiada para su edad». Creo que la respuesta es clara: a todos nos resultan familiares este tipo de afirmaciones.

Supongo que a la mayoría de las personas no se les ocurre ponerse en el lugar de esa otra que es objeto de tan desafortunados comentarios, ni por supuesto pensar en el calvario que puede suponer para ella encontrar ropa de su gusto por tener una determinada condición física (peso, talla, altura, silueta, etc.). ¡Ojo! Que no solo estamos hablando de las famosas «tallas grandes». No, no. Hablamos de ellas, pero también de las que son muy altas, muy bajitas, muy delgadas, muy desproporcionadas… ¿MUY?

La sociedad no se conforma con escatimar en moda para ellas, sino que además las juzga y las recrimina por usar aquellas ropas que por otro lado nos venden como imprescindibles para ser atractivas. He llegado a oír comentarios tan duros como que determinadas ropas usadas por determinadas personas son una ofensa para la vista. Qué rápido se ofende la sociedad hoy en día con «escándalos» como estos y que poco se escandaliza ante las verdaderas barbaridades.

Queremos gustar a los demás antes que a nosotros mismos y es por eso que comentarios de ese tipo se terminan convirtiendo en verdades universales: «Tendré que ir más tapada», «esta blusa a la basura, no es para mí», «la falda un poco más larga», «el pantalón un poco más ancho y suelto» «esa ropa no me pega, soy muy mayor». Estás cosas ocurren y mientras tanto TÚ eres un poco menos libre.

Yo afirmo: TU CUERPO, TUS REGLAS. ¿Quién decide que una determinada prenda es para un determinado tipo de cuerpo? Pues simple y llanamente unos cánones de belleza que crucifican a quienes se desvían de los prototipos de belleza y que, dicho sea de paso, son irrealistas y absurdos. Pero es preciso rebelarse contra ellos.

Así que vístete como quieras. Usa la ropa que te guste, la que te haga sentir bien. No olvides que tú decides, tú eliges. Ni tu cuerpo, ni tu peso, ni tu talla, ni tus proporciones, ni los comentarios de la gente deberían tener el poder de amargarte la vida, así que no lo permitas.

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