Trabajo en una empresa, no en una pasarela de moda

¿Cómo le explicas a una niña de cinco años que quiere llevar pantalón en lugar de falda como uniforme colegial que, muy posiblemente tendrá que llevar falda (y tacones) en su futuro puesto de trabajo? Esta pregunta se la hacía una niña a su madre el otro día en la parada del autobús mientras esperaban para ir al colegio. «Es más cómodo llevar pantalones», «en invierno paso mucho frío», «cuando juego en el patio tengo que tener cuidado porque sino los niños me ven las braguitas»,… Estas eran algunas de las razones que la niña daba a su madre y esto es lo que la madre respondió: «Una mujer es más mujer con unos taconazos y una falda. Eso nos hace más profesionales». Esta es una respuesta clásica, propia de la asociación entre el uso tacones y la feminidad: que si el tacón estiliza la pierna, que si una mujer con tacones es mucho más elegante…

Pero, ¿porque la profesionalidad se mide con la vestimenta o la imagen corporal?

Actualmente en España no contamos con ningún tipo de normativa  que regule la obligación de llevar una determinada ropa en el trabajo, atentándose en muchos casos contra la libertad de imagen en el puesto de trabajo.

Si la dirección de la empresa obliga a los trabajadores a llevar un atuendo concreto con fines razonables y coherentes, puede hacerlo. No podría hacerlo en aquellos casos en los que sea por capricho o motivos arbitrarios. Pero… ¿qué delgada línea separa la coherencia y la razón del capricho? ¿Es necesario que desde el punto de vista de la dirección de una empresa la mujer vista con falda y tacones para desempeñar su actividad?

El problema radica en que muchas empresas prefieren que sus empleadas usen falda y tacones porque atraen a los clientes y «alegran» la vista de los usuarios del servicio, no porque así sean mejores profesionales. Esto es una visión antigua, arraigada en la sociedad a modo de tradición que utiliza la imagen de la mujer como objeto de atracción, atentando no sólo contra su imagen y dignidad sino provocando en muchos casos problemas de salud (circulatorios, articulares, dolor, heridas, cansancio muscular…) y cuya incidencia incrementa cada año.

En definitiva, no hay que olvidar que el fin es desempañar tu trabajo de forma competente, no desfilar en la pasarela Cibeles.

 

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